miércoles, 4 de mayo de 2016

Cueva Lóbrega o del Tío Daniel

Fecha de la actividad: 2 de abril de 2016
Participantes: Alfonso, Diana, Quique, Susi y Luis

Aunque llevábamos las coordenadas de la cueva nos costó encontrarla por ser erróneas, quizás por haberlas sacado de una publicación antigua. El caso es que tras un rato de pateo por otra parte muy agradable entre pinares, vacas y calizas karstificadas tipo "mar de piedra" finalmente encontramos la boca, amplia y aprovechada antiguamente por pastores para recoger ganado, razón por la cual levantaron un muro de piedra al poco para contener los animales y evitar que se les fueran cueva adentro. Un goteo continuo de agua debía completar el confort del cobijo ganadero, dando agua al pastor mientras allí dentro se guarecían personas y animales de las tormentas o del calor canicular.

Boca de la cueva

Pasada la Sala del Muro se accede a la zona de Los Toboganes, una zona de rampas arenoarcillosas divertidas y fáciles de bajar, hay varias alternativas que todas conducen al mismo lugar. A la derecha de esta zona hay unas formaciones gruesas que merecen asomarse a verlas.

Vimos entonces una nutrida colonia de murciélagos durmientes, colgados e inmutables, a los que admiramos y tratamos con el máximo respeto para no perturbar su invertido sueño. Seguidamente por El Laberinto continuamos bajando hasta la Sala de las Coladas y de ahí hasta la Sala de los Gours, con ejemplares vistosos (aunque los grandes sin agua), con bordes altos y bien conservados, de dimensiones apreciables.

Murciélagos apiñados y echando un sueñecillo, esperando que llegue la noche

Pequeñito insociable separado de la colonia murcielaguil

Gours escalonados

Gours con agua
 
Extremo de un Gour seco

Vistoso gour con restos de agua

Esta galería prosigue hasta convertirse en una zona de caos de bloques llamada Sala de los Peñascos, zona a partir de la cual la cueva se hace por lo general estrecha y apropiada para aficionados a las estrecheces gusanoides. 

Nosotros decidimos ahorrárnoslas volviendo atrás y en cambio brujulear por la Galería de la Arena, cómoda por su lecho arenoso, y algunos quisieron también investigar las gateras de La Histeria Interminable, por uno y otro lado, pero sin lograr hacer la angosta travesía, ya que el nombre hace honor a la realidad por lo que nos contaron.

Regresando del intento por la Histeria Interminable

Fotos y texto por Luis

1 comentario:

JOSE LUIS dijo...

Por si fuera interesante para ustedes o sus compañeros de rutas, tengo publicado yofrenoelcambioclimatico.blogspot.com (MENOS es MEJOR) y http://plantararboles.blogspot.com, manual para reforestar, casi sobre la marcha, sembrando las semillas que producen los árboles autóctonos de nuestra región. Salud, José Luis Sáez Sáez