domingo, 6 de abril de 2014

Cueva Llueva (Cueva del Coverón)

Participantes: Miguel, José Manuel, José Luis, Quique, Diana y Luis

Iniciamos el año espeleológico con una cueva que habíamos hecho el año pasado, repitiendo ruta, por lo que para detalles véase la crónica escrita en su día.

Repetir... ¿por qué?. Decidimos que esta cueva merece una segunda visita, el premio está al final y vale la pena: unos macarrones larguísimos y espectaculares, además de otros espeleotemas curiosos. Para llegar hasta allí hay que avanzar y superar un conjunto de variopintas dificultades, todas ellas relativamente sencillas o medio sencillas, que hacen que esta cueva sea interesante y activa en todo su recorrido. Según y como puede resultar larga, en particular para aquellos subidos en kilos o bajados en forma.

La entrada ya es un lugar de por si especial. Tras un poco marcado sendero por un denso y tenebroso bosque se llega a una gran visera integrada por estratos calcáreos subhorizontales, de los que se descuelgan largas lianas. La pena es que unas docenas de viejos neumáticos arrojados por algún cerdo antropomórfico restan magia al lugar.

Boca de entrada a la cueva Llueva.
Una vez dentro comienzan las estrecheces muy pronto, avanzando en buena parte del recorrido en postura cuadrúpeda o reptiliana, hasta llegar a una gatera sopladora que nace del mismo suelo de la galería que hasta allí te lleva. El agujero en cuestión es llamativo, alguno dijo que le recordaba un water turco...y no le faltó razón. El paso se supera relativamente bien aunque los claustrofóbicos pueden no conseguirlo. Lo mejor es avanzar con los pies por delante y no pensar demasiado.

Gatera sopladora.

Tras este paso se llega a la cabecera de un pozo volado de 10 m. Como en el grupo había alguna socia novata, Miguel montó en paralelo una segunda cuerda para apoyarla en el fraccionamiento que había que hacer al inicio del tramo volado, algo incómodo puesto que para desanclarte necesitas auxiliarte del puño.

Cabecera del pozo volado.

Apoyo técnico a la novata.
Bajado el pozo se continua avanzando, se llega al río y se pasa por diversos pasos que hay que superar con más o menos destreza: desfondamientos, caos de bloques, resaltes, una zona laberíntica, algunas gateras, un barrizal... casi de todo un poco.

Subiendo un resalte.

Poco a poco van apareciendo mejores formaciones. La roca caliza es en zonas bastante margosa, de hecho, en algún sitio alguno se quedó con un trozo de margocaliza en la mano al utilizarla como asidero. En alguna galería se observa bien como esta caliza margosa, más erosionable, es la que se ha ido desprendiendo del techo dando lugar a la generación de la propia galería kárstica.

Curioso túnel.

Por fin y tras avanzar por una cómoda y gran galería se llega a la parte más bella de la cueva: una sala de gran tamaño bautizada por los ingleses como "The Edge of Darkness". Y allí es donde están los famosos macarrones, además de otras bellezas y curiosidades geológicas.

Los macarrones son espectaculares. Largos y delgados se descuelgan del techo en un alarde de persistencia, llama la atención como algo que podría ser destruido con un potente estornudo se mantiene intacto pese a su extrema fragilidad.  

Había grupos de bonitas estalactitas y estalagmitas, blancas, rojizas, acaremeladas, de diversas formas, gordotas y finas, recubiertas en algunos casos por crecimientos cristalinos de calcita en macla diente de perro. También había cristales de yeso blanquecino.

Estuvimos recreándonos con todo aquello un buen rato. Las fotos siguientes muestran algún detalle de la belleza geológica escondida en esa sala.

Larguísimos macarrones alineados a lo largo de una fractura en el techo.

Algunos macarrones a su vez estaban en su punta engrosados por crecimientos de calcita.

Estalagmitas de calcita anaranjada.

Estalagmitas afantasmadas.

Detalle del engrosamiento final con cristales de calcita en los macarrones.

Estalactitas forradas de crecimientos cristalinos de calcita.

Conjunto estalactítico.
La salida por el mismo camino, con las ganas por salir y con el natural cansancio aunque la satisfacción de haber visto todo esto. 

Subiendo el pozo volado.


Saliendo del pozo volado.

Lo mismo, a desmontar las cuerdas que ya queda menos.

Salimos ya de noche, con lo cual el bosque se hizo más tenebroso aún. Una interesante experiencia, una cueva de las buenas.

Si quieres ver un vídeo de esta cueva hecho por José Manuel, pincha el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=xKaI794m4fk

Texto: Luis
Fotos: José Luis y Luis



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