jueves, 26 de septiembre de 2013

Cueva del Sotillo

Asistentes: Quique, Susi, Diana y Lluis

Aprovechando lo que queda de verano decidimos ir a la Serranía de Cuenca, haciendo una nueva actividad de nivel básico para continuar formando a los novatos. Y nos fuimos a la cueva del Sotillo, cuya dificultad está más en su localización que en otra cosa.

A partir de la documentación que manejábamos y con la ayuda de brújula y altímetro, localizamos la boca nº 1 bajo un pino cuya referencia era su cicatriz marcada en el tronco, por desgaje de una rama grande. Eran las 12 del mediodía.

La entrada es pequeña pero bastante cómoda, apenas un leve repteo de pocos metros que te introduce en la única galería de la que consta la cueva. Muy al principio ya adquiere dimensiones que hacen de este trayecto un grato y sencillo paseo espeleológico.

Al principio  vimos un alfombrado de excrementos de murciélago, anduvimos con la cabeza levantada al techo pero no hubo suerte. El trazado de la galería es localmente meandriforme y en su primera parte estéril en lo relativo a espeleotemas. Se observa claramente la estratificación del paquete carbonatado por el que ha progresado la karstificación, ello hace que el recorrido vaya siguiendo este nivel con un suave descenso en sentido y condicionado por el buzamiento. La circulación de agua ha dejado como testimonio algunas marmitas de gigante, en algún caso, queda parte de ellas dando lugar a puentes que se pasan por debajo, o mesas en las que apoyarse cual barra de bar. Se observa también como la incisión vertical del agua ha ido profundizando la galería, dejando en las paredes diversos estratos salientes más tenaces a la erosión, así como bloques caídos del techo. A partir de cierto punto del recorrido, existen formaciones de pequeño tamaño, fundamentalmente estalactitas, algunas rotas consecuencia de ansiosos asnados que algún día por allí pastaron.

Tras poco menos de una hora, llegamos a la boca 2, similar en tamaño a la otra, que nos permitió salir a la luz y degustar unas sabrosas moras. Vuelta a la cueva y seguimos en avance por la galería que ya va perdiendo altura. Pudimos observar como en esta zona se producía entrada, arrastre y acumulación de piedras, arcillas y materia orgánica en este mismo orden, según la corriente va perdiendo energía, llegando a cegarse. En la zona de acumulación orgánica pudimos ver unos asombrosos hongos, atenazados a piñas o trozos de madera con una madeja de filamentos, y un pie muy fino y larguirucho terminado en un mini sombrerillo.

El regreso se hace por el mismo camino, tan sólo reseñar que esta vez sí pudimos ver algunos murciélagos cerca de la boca 1, de tamaño respetable, colgados como jamones o en  vuelo. Eran poco más de las 2 de la tarde.







Relato y fotos por Lluis