domingo, 16 de octubre de 2011

Sol Viejo-Rayo de Sol

Participantes: Miguel, Jose Manuel, Kike, Luís, Alfonso, Jose Luís y David
Climatología: soleado, tiempo más veraniego que otoñal.

¡No quiero excusas!
Tras llegar hasta donde pudimos por la pista que parte de la carretera entre Secadura y Solórzano, aparcamos los coches y continuamos a pie por el camino continuación de la ruta que llevábamos. Al poco, tras salvar un par de cercas, nos zambullimos en una de las frondosas plantaciones de eucaliptos que abundan por la zona.
En el bosque se desdibujaba unos instantes el camino pero reaparecía de nuevo marcado más abajo, y entre eucaliptos llegamos hasta la cabaña de piedra que nos serviría de referencia para encontrar las dos bocas de la travesía.
El problema es que los que habían estado aquí hacía una década recordaban el entorno de una forma bien distinta. Para empezar no había eucaliptos, ni tan enrevesada vegetación en las vaguadas.
Para encontrar Rayo de Sol descendimos por una sombría selva habitada por grandes arañas con sus telas tendidas entre los árboles, y no estaba de más ir con un palo por delante abriendo camino si no querías acabar con un ejemplar correteando por tu cara.
Tras localizar Miguel la boca, al costado de un barranco seco, comprobamos que el pasamanos de la estrecha diaclasa de salida estaba montado, y supusimos que los pozos interiores lo estarían de igual forma, así que, sin más, marchamos a buscar la otra cueva, la de Sol Viejo, que al final hallamos siguiendo una senda que se internaba en una mancha de vegetación impenetrable. La boca se abría poco antes de que la maraña se disipase en un prado despejado.

Tras una corta bajada desde la boca, el túnel se precipita sobre una gran sala. La visibilidad a larga distancia es muy buena, y llama la atención la escasez de humedad y partículas enturbiando en el aire en comparación con otras cuevas.
Entramos algo tarde y, tras descender el primer pozo para aterrizar en el fondo de la gran sala de entrada, decidimos hacer una visita mucho más rápida de lo que estaba previsto a la zona llamada "El viaje rápido".

un plástico evita el roce de la cuerda en un saliente del primer pozo
Algunos se quedaron esperando allí mismo mientras otros fuimos para allá por el corredor que ascendía a mano izquierda, con una cuerda montada de ayuda para salvar un primer desnivel.

Por aquel ramal no tardaron en hacer acto de presencia llamativas formaciones, grandes columnas y bordes estalactitados brillantes. Pasada la llamada "Sala de la Neurona" llama la atención un largo bloque que atraviesa el corredor de un extremo a otro, cual viga sujetando el techo, y con una notable fractura en el centro que sugería que aquella estructura podría ceder en cualquier momento.

conviene que alguien se quede sujetando esto mientras los demás salen de la cueva...
Desde ahí, Jose y yo destrepamos por un agujero a la izquierda, y Miguel y Alfonso fueron a husmear por la derecha.

Tras unos destrepes alcanzamos un corredor con un cómodo firme que permitía avanzar por él a gran velocidad, lo que se me figuró una buena justificación para el nombre de la zona, "Viaje Rápido". Alcanzamos una especie de foso, donde había que realizar una corta trepada para continuar, y ahí nos dimos la vuelta, retrocediendo hasta una zona previa con formaciones donde habíamos anotado para luego un bonito pasaje lateral que comunicaría con otro ramal paralelo, que a su vez nos llevaría hasta una sala con grandes columnas. Destacar de esta zona la proliferación de fragmentos de paramento que se han desprendido, conservando las formaciones que tenían, y que ahora tienen un ángulo diferente de la vertical. Algunos de estos trozos se han fundido con formaciones que han crecido posteriormente en la dirección usual que la gravedad dicta.

bloques de formaciones desprendidos y revirados de su posición original
Cuando regresamos a la zona de la viga a punto de partir Alfonso nos informó que Miguel había venido detrás, y sin duda nos habíamos cruzado sin vernos al introducirnos por el ramal paralelo.

Una vez reunido todo el grupo de nuevo, continuamos la travesía ascendiendo desde la gran sala de entrada hacia la parte derecha, por una rampa y ayudados por otra de las muchas cuerdas montadas que encontraremos en la cueva para evitar resbalones.

curioso conjunto cuevitectónico en lo alto de la primera subida desde la gran sala de entrada ya en la dirección de la travesía.
Arriba más bellas formaciones, y en seguida descendemos de nuevo, hasta el borde de un pozo de unos 25 metros (así a ojo) que comienza con la cuerda rozando en roca pulida, y termina volando para aterrizar junto a un pequeño charco.

un gran cabezón pétreo junto a la suave rampa de bajada a la cabecera del pozo
Tras haber bajado, hay que volver a subir por una ladera, "a la sombra" de un pepinaco de bloque que vuela ingrávidamente. Nos ayudamos en un tramo por una cuerda montada, y al llegar a lo alto de la loma... a descender de nuevo por la ladera opuesta, también con cuerdas montadas.

descendiendo por la ladera del otro lado
Hasta ahora nos hemos movido por grandes espacios de altos techos, y ahora toca abandonarlos para pasar por debajo de la gran sala de entrada: mirando hacia el sur, un agujero a la derecha nos lleva a un meandro por el que inicialmente se camina muy cómodamente. Tras salvar un pequeño desfondamiento, bajando y subiendo, la sección del túnel se empieza inclinar y a estrechar por la base, teniendo que salvar algunos tramos mediosentados-medioempotrados a media altura.
el meandro en su tramo final no es tan cómodo como lo era al principio, aunque algún profano deduzca lo contrario al observar que los espeleólogos avanzan sentados
Con algunos pasamanos de seguridad puntuales y algún pequeño pozo montado, vamos descendiendo hasta que el meandro nos escupe en la Sala del Campamento, gran espacio del que parten varios ramales con formaciones.

Aquí hacemos una pausa para reagruparnos, beber y comer.

conjunto en uno de los ramales de la Sala del Campamento
La continuación de la travesía se halla junto al punto de aterrizaje por donde llegamos desde los meandros: un pozillo instalado de unos 4 metros y su continuación descendente por una rampa que nos lleva a un nivel inferior.

Mientras bajaba más gente, me fuí a echar un vistazo en dirección contraria a la que tendríamos que tomar, hacia el norte del túnel. El suelo barroso sólido y cuarteado hacía pensar que aquel túnel quizá se encharcase en otras épocas. Iba yo silbando una melodía y al poco, al alcanzar una cámara, si bien no con mucha superficie sí con gran altura, que se abría a la izquierda atravesando un paso bajo, noté con placer como mis notas reverberaban añadiendo un precioso color a la música.
Regresé rápidamente con los demás y continuamos hacia el sur, por túneles pequeños, meandrosos, que empezaban a laminarse, hasta volverse un pelín incómodos sólo en tramos puntuales.

algunos aprovechan que hay que tumbarse en los laminadores para echar un sueñecito
Por aquellos corredores alcanzamos al fín el P23, que no era sino una profunda diaclasa inclinada, un largo tajo.
Al encontrarnos aquel pozo sin montar, cuando esperábamos lo contrario, empezó a cundir la paranoia de que quizá los de salida tampoco estuviesen montados, con la consiguiente especulación de cuántas horas tendríamos que aguardar ahí abajo hasta que apareciera alguien a echarnos una cuerda.

tiro de cuerda de la diaclasa inclinada
Montamos y descendimos algo incómodamente por la inclinada fractura tratando de no encajarnos en las brechas. Fuera del recuenco de aterrizaje, que brindaba algo de amplitud, la diaclasa dejaba un estrecho paso por el que había que seguir en dirección suroeste. Al poco, una trepada incómoda, debido a la propia estrechez de la sección del túnel, y más adelante un corredor ya más amplio.

Subiendo un poco hacia la derecha antes de un desfondamiento llegamos, con alivio, a la pequeña salita hacia la que caía la cuerda de salida.

Ya sólo quedaba ascender aquel pozo, montado con desviador, atravesar un laminador pedregoso jode-rodillas, subir otro pequeño pozo, y salir por la corta y estrecha diaclasa que conectaba directamente con el exterior, saludando a alguna araña que rondaba por ahí a escasa distancia.

ya no queda casi nada para llegar al exterior
La salida es una grieta ajustada por la que hay que gusanear ligeramente hacia arriba. Pero teniendo "la calle" ya delante de las narices, se lleva mejor ese último esfuerzo.
Saliendo por la estrecha boca de Rayo de Sol