domingo, 29 de mayo de 2011

Rozada-Lengo

Climatología: soleado
Participantes: Miguel, Luís, Marta y David

Estuvimos por la zona occidental de Cantabria, una zona poco conocida cueverilmente para el grupo.
Teniendo como base de cavidades seguras el minisistema Toyu-Rozada-Lengo, tografiado por Carlos Puch, empezamos la jornada del Sábado con un pateo por la zona en busca de otras cuevas cuya localización no era tan clara.
Dimos por hecho que íbamos a encontrar lo que buscábamos que estaba a unos pocos kilómetros, y por tanto fuimos cargando con todo el equipo, dispuestos a descender una eventual sima.
Tras 6 horas recorriendo caminos, selvas de avellanos, laderas empinadas e incluso andando por el río Latarmá (la parte más divertida), regresamos con las "manos vacías" al coche aparcado en la carretera de entrada de Venta Fresnedo, con los hombros hechos trizas del material que nos llevamos de paseo gratuítamente en las sacas.
Y es que no es plan hacer trekking vestido de teletubby.

Durante la mañana preguntamos a algunos lugareños que nos topamos y que nos dieron algunas pistas para encontrar la cueva al pastor que conocía la localización de la cueva. Encontramos a su hijo, divisándolo a lo alto de una ladera llevando el ganado, pero por no subir hasta allá, hablando a grito pelao en la distancia no logramos entendernos bien, y acabamos siendo dirigidos hacia otra cueva que no buscábamos: la Cueva del Manantial (habiendo pasado ya la línea provincial de Asturias), una de las varias resurgencias por las que resurge el Río Latarmá, que en varias ocasiones desaparece discurriendo por debajo de los montes para volver a reaparecer en el siguiente recuenco de valle cerrado.

De vuelta en el coche tras la trotada por los montes nos volvimos a encontrar con él, esta vez a corta distancia, y ya nos explicó la localización de la cueva que buscábamos. Más tarde aparecería finalmente el padre, acompañado de otro paisano que le había ido a buscar. Nos dieron más detalles, y a ellos se fueron sumando más vecinos de La Venta que al pasar por la carretera se iban deteniendo, uniéndose a la conversación o tomando el relevo.

Al final nos limitamos a entrar por Cueva Rozada y salir por la Torca de Lengo. No nos apetecía ya volver otra vez atrás a buscar la cueva con los nuevos datos.

Las coordenadas del Boletín Cántabro donde encontramos estas cavidades estaban mal, pero aun así, estas tres (Rozada, Lengo y Toyu) son fáciles de localizar al estar cerca de La Venta y ser conocidas por sus vecinos.

La entrada de Rozada se encuentra al lado derecho de la carretera, junto al aparcamiento en línea habilitado para excursionistas antes de entrar en La Venta. En una hondonada umbrosa, al pie de una pared tupidamente cubierta de árboles y vegetación, se abre la boca del tamaño de una puerta-trampilla, que conduce a una rampa repleta de derrubios.
Descendiendo y tirando más bien hacia la zona izquierda llegamos a un ramal de paredes con texturas de estratos claros y oscuros alternados que forman curiosos dibujos, a veces concéntricos. Al final de esta zona aparece un estrechamiento con el primer resalte. Se puede instalar una cuerda de ayuda, pero lo cierto es que no hace ninguna falta, se baja bien a pelo.
Abajo otro resalte que directamente se puede esquivar introduciéndonos por un pasaje bajo hacia la derecha.
Estamos en una sala de gran tamaño descendiendo por otra empinada rampa formada por coladas pulidas y arena sobre la que se pisa bien.
Al fondo la sala se comprime entre bloques y, puesto que la boca de la cavidad actúa eventualmente como sumidero, ahí se asientan los típicos restos orgánicos -¡y caracoles!- que son arrastrados por el agua desde el exterior para acumularse en una zona y pudrirse tranquilamente.
La roca es negra, limpia, brillante y afilada.
Unos pocos pasos más abajo el piso se precipita hacia el Lago Siniestro, donde observamos un sapo encaramado a la pared.
Para seguir harían falta neoprenos, y tener instalados los pozos desde el sumidero del Toyu, que es hacia donde conduce la galería inundada.
Nos damos media vuelta y ascendemos de nuevo hasta la zona de franjas de estratos, tomando más arriba el otro ramal, ascendente, que nos llevará hacia la salida de Torca Lengo.
Lo más llamativo es el túnel final, un meandro alto cuyas paredes presentan numerosas agarraderas y que en cierto momento adquieren el aspecto de una piel animal, moteadas con puntos negros.
Esta zona termina en una especie de ventanuco al otro lado del cual ya vemos la ténue claridad del exterior que cae desde lo alto. La trepada por la torca está algo enmarañada, cubierta de zarzas, y entre ellas afloramos por detrás de una casa, cerca de un camino que nos devuelve a la carretera.
 En resumen: un auténtico paseo.

Cueva del Manantial, de cuya gran boca sale el río Latarmá
¿Qué mejor forma de llegar a la boca del sumidero Toyu que caminando por el mismo río corriente abajo? Pero al llegar a las cascadas tuvimos que abortar la magnífica idea.
Boca del Toyu, que se traga el río Latarmá
Franjas claras y oscuras en Cueva Rozada
Coladas en la segunda rampa, en la gran sala que desciende hacia el Lago Siniestro
Rocas pulidas y negras, allí donde se acumulan los restos orgánicos que el agua arrastra
meandro de salida hacia Torca Lengo con curiosas texturas moteadas
Ventanuco de salida al fondo de la Torca Lengo

domingo, 1 de mayo de 2011

Fuentemolinos

Climatología: lluvia ligera
Participantes: Luis, Alfonso, Kike, Marta y David

Aparcamos los coches en el ensanche del camino frente al cartel de "CUEVA", y ascendimos hasta la boca de la surgencia. Estaba cerrada, pero accedimos desde más arriba por la gatera superior. Una gatera descendente bastante amplia y cómoda.
A medida que nos vamos internando, va aumentando el ruído de un tremendo rugido que suena como mi lavadora centrifugando. Es el agua que se precipita con fuerza por una cascada, donde un cable de acero sirve de ayuda a modo de pasamanos. Si bien en esta ocasión no era estrictamente necesario, lo será cuando el caudal del agua sea mayor.
Arriba el agua anda más calmada, aunque seguía tronando la caída de agua por aquel paso de pequeña sección y con redondeados clastos emergiendo de las paredes. Tras muy pocos metros este túnel por el que discurre el río se abre a un espacio más amplio.

La galería va cobrando cada vez mayores dimensiones con dirección Oeste, un paseo cómodo caminando sobre el agua, entre los curiosos efectos ingrávidos de la pudinga, tímidas formaciones que irán incrementándose y ganando en porte y multitud de microformas de precipitación como los "bosques de abetos", los "corales", o las "lentejas".

Tras subir y bajar uno de los varios obstáculos que bloquean a veces el río, nos encontramos con una cuerda que desciende desde lo alto, que supuestamente conduce al nivel 3. La dejamos para el regreso y continuamos chapoteando por el cauce.

Inmediatamante nos sumergimos en toda una exposición de cortinajes y pieles (o más bien ellos nos sumergen a nosotros), gigantescas coladas pardas, blancas y multicapa se precipitan desde las alturas.

Tras algunas eses, y dejando atras una cuerda de nudos y una escala aupada sobre un resalte alto, se nos abre a la derecha lo que barajamos pudiera ser el caos de bloques que hay que trepar para ascender al tercer nivel, según la copla con la que se había quedado Luís "Al llegar al caos de bloques, trepada hacia atrás". Son algunos bloques y una empinada rampa de coladas con muy mala pinta en un vistazo inicial.
Kike la sube el primero sin pestañear, las coladas están secas y descascarilladas en algunos puntos, lo que hace que la trepada sea más segura de lo que parecía desde abajo.

Como hay varias posibilidades, primeramente, desde media altura de la rampa me aupo hasta un repecho que conduce a un túnel que corre en paralelo al río, cuando de pronto me encuentro con Marta saliendo de un agujero lateral a la izquierda. Viendo que el túnel se precipitaba de nuevo hacia el río por el otro extremo, hacia el Oeste, volvemos a descender todos -que ya nos habíamos reagrupado arriba- por este último paso, reptando incómodamente entre resquicios de bloques, que parece más seguro que el repecho, fácil de subir pero arriesgado de bajar.

Volvemos a subir por la colada como si no hubiera pasado nada, y tomamos la segunda opción, accediendo a otra galería alta que en dirección contraria, hacia el Este, vuelve a precipitarse hacia el río. Unos pasos atrás nos disponemos a trepar bloques buscando continuación hacia arriba y localizamos una cuerda de nudos antes de que bloques pueda justificar su plural.
Más arriba salimos de frente según nos deja la cuerda, ascendiendo hasta alcanzar una repisa con un ventanuco con una X negra hacia el Oeste que descartamos. Ratoneamos por los vericuetos alcanzando pasos aéreos que nos llevan a los techos de aquel barrio pero que no parecen ir a sacarnos de él.
Así que, de nuevo, volvemos a la zona de la cabecera de la cuerda, y, en la pared opuesta, nos colamos por una abertura que lleva la dirección de la galería de abajo.
A través de un estrecho paso sobrevolamos los pisos en los que antes estuvimos, y llegamos de nuevo a una cornisa que se precipita sobre el río. Trepamos, cambiamos de dirección, y continuamos ascendiendo escurriéndonos por las rendijas de los bloques.

Y por fin hemos alcanzado el tope. Al borde de una caída que se abre hacia el Oeste, en torno a una gruesa estalagmita, se halla una cinta para instalar una cuerda que ataje parte de toda esta vuelta, pues no hemos hecho sino ir ganando altura como si estuvíéramos en una torre, escalando girando en sentido antihorario.
Paramos aquí a comer algo, junto a un curioso gour seco con perímetro poligonal.
Y marchamos hacia el Este, por una galería que promete formidables formaciones.
Enseguida nos encontramos un pasamanos ideal para una peli de Indiana Jones, y tras atravesarlo continuamos descendiendo en la misma dirección que llevábamos.
Alcanzamos una bonita zona con pozas, gours y muchas formaciones.
Al final la galería se estrecha y forma una rampa que se precipita al vacío. A juzgar por la decoración que se ve por abajo, sospechamos estar sobre la zona de los cortinajes, lo cual nos confirmaba que más adelante se hallaría la cuerda del nivel 3 que caía hacia el curso de agua principal, y que por tanto debíamos seguir en aquella dirección.
Como hay placas instaladas para montar un pasamanos, voy instalando la cuerda, terminando en una cornisa del lado derecho y sin ver más anclajes frente a mí. Podría seguir por la cornisa irregular, abandonando la cuerda, pero la continuación más allá no se ve clara. Desmontamos y volvemos para atrás, registrando bien la zona anterior para buscar un "by-pass", un camino alternativo que discurra hacia el Este esquivando aquel paso incierto.
De regreso nos llama la atención la coloración morada, posiblemente por la acción de una veta de magnesio, de un sector de formaciones al que no habíamos prestado atención a la ida.
Donde el pasamanos de Indiana Jones, pasando olímpicamente del mismo y bajando abajo, aparece una galería baja, con gours, tanto secos como llenos, con algunos barrizales enguarrados por los pisoteos y arrastres de los visitantes. La galería va laminándose y, tras girar lentamente, se dirige claramente hacia el Este, lo cual otorga esperanzas de que podría tratarse del by-pass que buscábamos (y que más tarde descubriremos que no existe). Pero termina cegándose.

Volvemos hacia atrás y descendemos hasta el río. Ahí aprovechamos para explorar la cuerda de nudos que nos habíamos dejado en ese nivel principal, junto al río. Esta cuerda sube por una rampa y conduce a una camarilla con otra cuerda y una escalera, y de ahí a un largo y recto túnel, estrecho y alto, salvo en su parte final donde se lamina ligeramente. Abundantes gours y formaciones. Suponemos que es el Nivel 2 (pero no, esto por lo visto es un nivel intermedio), que discurre por debajo de la zona que acabábamos de abandonar, pues en cierto punto las paredes cobraban un ligero tono morado, que podría venir de la misma veta de magnesio.

De nuevo abajo en el río, continuamos deshaciendo el camino hasta llegar a la cuerda para subir al Nivel 3. Como no habíamos logrado encontrar la continuación desde el otro lado, al menos subiremos por aquí.

Una vez arriba me dirijo primeramente hacia la derecha, donde atren mi atención unas curiosas estalactitas entre dos pozas, y luego una corta cuerda de nudos para auparse hasta la parte de arriba. Al final de un breve recorrido hay un cordino doble alrededor de una columna para descender el pozo que se abre en el suelo y corta el paso. Tiro una cuerda y desciendo, pensando que podría haber más pozas con formaciones similares como las de más atrás.
Al llegar al fondo y echar un vistazo, no tardé en imaginar lo que iba a encontrar. Fui avanzando por la cornisa que volaba sobre una gran caída, hasta que no me quedó ninguna duda de que estaba en el pasamanos que descartamos cuando llegamos desde el otro lado.
De todas formas, si hubiésemos seguido en su momento, nos hubiéramos comido los mocos, pues no había cuerda instalada previamente para ascender. Aunque al regresar comprobé que la trepada era viable, gracias a las irregularidades de las paredes y la pudinga, en caso de necesidad se podría subir sin cuerda... pero sobretodo si tienes una pasada por el croll asegurándote ;)

Al regresar arriba, Marta venía de hacer una incursión interrumpida por la otra zona, y para allá que nos fuimos, por los ramales del Este. La otra zona era sin duda lo mejor de la cueva, allí donde se encontraban los espectáculos más curiosos de Fuentemolinos.
La larga galería, llegados a cierto punto, acumulaba tal profusión de excéntricas decorando techos y paredes, que me vino a la cabeza la Cueva del Muerto, incluso podría establecer un paralelismo espéleomístico entre el Paso de la Cárcel y el Paso del Paritorio. Pero lo más llamativo fueron los delgados suelos huecos y las plataformas de varios pisos que el nivel de las aguas había ido formando junto a las lagunillas.
Al final de la larga galería las formaciones que la atiborraban fueron despareciendo, dejando a la pudinga desnuda de nuevo, y el paso se fue comprimiendo por una serie de laminadores.

Estuvimos dentro unas 7 horas. Todos salimos contentos, encantados por la belleza de las formaciones y por la diversión de los recorridos y búsquedas.
La propuesta de esta cueva surgió tras una inconveniencia para realizar la cavidad que realmente estaba prevista inicialmente para esta fecha, y tras otras propuestas que no terminaban de satisfacer a todo el mundo. En este caso se puede decir que no hay bien que por mal no venga.

clastos emergiendo de la pudinga, una característica de esta cueva
Avanzando por el río cuya galería va creciendo en altura
un manantial lateral vierte sobre el cauce principal
gran colada en la galería principal
ascendiendo hacia el tope del nivel 2 por donde los caos de rocas nos permiten pasar
el paso de Indiana Jones, con un pasamanos para evitar resbalones hacia la caída que rodea
formaciones tintadas de morado por el magnesio
la última poza del nivel 2 antes del pasamanos hacia el nivel 3. Tiene cierta profundidad y es necesario andarse con ojo si no te quieres dar un baño
El cómodo paso de la galería del nivel 2 se ve alterado por una caída sobre el nivel inferior que hay que salvar avanzando un trecho por una arriesgada cornisa, con un pasamanos de seguridad que está desmontado. A pocos metros al otro lado se halla el nivel 3
arrecifes de gours coralinos
bastoncillos
Por aquí hay que andar con cuidado para no destruír estos delgados suelos en forma de mesillas
"El lago", quizá la zona más curiosa del nivel 3, donde se conjugan isletas, excéntricas a rabiar, y estructuras de plataformas
plataformas configuradas a lo largo de las variaciones del nivel del agua, en "el lago"
Fotos de David y Luis