martes, 22 de febrero de 2011

Cueva de los Moros

Participantes: Alfonso, Luis, Kike, Enrique, David, Marta, Sergio, Miguel, Andrés, Manza.
Climatología: Llovizna/calma, sobre nieve.

Dejamos los coches en el parking de visitantes de los Callejones, desde donde hubimos de andar unos 3 kilómetros por una una pista nevada, aprovechando las huellas de los pocos vehículos que se habían aventurado por ahí para calarnos lo menos posible los pies.
Llegado el momento, en el blanco manto había unas huellas humanas que debían de haber descendido de un vehículo, pues antes no estaban. Se apartaban del camino y nos llevaban directamente a la boca de la cueva... como era de esperar.

Desde la boca en forma de mini-torca, se desciende por una estrecha gatera que al poco se ensancha. Más adelante aparecen algunos pequeños resaltes con cuerdas de nudos de ayuda. La inercia de tirar por los espacios más amplios nos lleva al ramal principal izquierdo, que termina en una gatera semiinundada.

Volviendo hacia atrás, desde la entrada principal, antes de pasar las cuerdas, un curso de agua se cuela por una gatera, y si lo seguimos hincando las rodillas en la corriente -o por la gatera seca contigua- llegamos al otro ramal principal, el derecho, el cual discurre entre pequeños gours y modestas formaciones, adquiriendo más adelante la forma de un estrecho meandro de paredes afiladas. En cierto punto el curso de agua desaparece por un pequeño roto en el suelo, y más adelante, tras un quiebro a la derecha reaparece por una galería que termina sifonándose.

La cueva de los Moros es realmente muy pequeña, aunque se hace entretenida debido a la cantidad de estrecheces y gateras en las que aventurarse... para llegar a ninguna parte. Desde los dos ramales principales se abren varios ramales secundarios, algunos de apurada sección, que terminan en fondos de saco o se hacen impenetrables.

Aparcamiento de "Los Callejones"
Aprovechando las huellas de los vehículos esquivamos la nieve por la pista forestal
La pequeña torca de entrada a la cueva
Algunas cuerdas para ayudar a pasar pequeños resaltes
Reptando por los agujeros más estrechos
A la derecha puede verse una mano que emerge del charco...
Las afiladas paredes del meandro
grupete de formaciones brillantes
Sobre las calmas aguas del sifón flotaban extrañas manchas que pudieran ser de aceite o porquería.
Con tal de no mojarse un poquito la gente hace malabarismos

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