sábado, 20 de noviembre de 2010

Torquilla de Urrez

Participantes: Luis, Miguel y David
Climatología: Una rasca de tres pares de narices.
Fecha: 20 de Noviembre de 2010

Llegamos a la zona donde supuestamente estaba la sima, sin saber su lugar exacto, pero rápidamente la encontramos, apenas bajar del coche. No tenía pérdida en medio de aquel páramo deforestado, muy cerca de donde el camino cambia de dirección al final del barranco.
El camino para llegar está bien al principio, luego aparecen baches y hondonadas inundadas con charcos de las lluvias recientes, y afloraciones pedregosas, pero nada grave. Tras encontrar la boca, volvimos rápidamente al coche antes de helarnos, y lo acercamos a una de las cabañas cercanas entre los robledales para resguardarnos del viento polar que soplaba.

Instalamos la cuerda haciendo fraccionamiento con pasamanos en la repisa inferior y pa' bajo
La temperatura del interior de la cavidad era muy placentera, comfortable, sobre todo en comparación con la superficie.

Fue una visita un tanto escasa, ya que al no conocer la cavidad ni sus recovecos, pasamos más tiempo buscando que recorriendo.
La gran sala de aterrizaje comunica con  otra grande en rampa, con cables de acero instalados para hacer más seguro el descenso. Dejando atrás las amplitudes enfilamos todo recto rumbo norte, hasta que advertí con mi brújula que la gatera por la que nos estábamos encajonando estaba derivando hacia el este, y según la topo, conducíría a un ramal ciego. Miguel se adelantó más, pero finalmente decidió retroceder ante mis contínuas voces de que aquello se iba a cegar. Mal hecho pues consultando a posteriori, nos perdimos toparnos con La Sala de la Música, que andaría por aquellos recovecos.
Retrocedimos hasta encontrar el paso correcto, una estrechez que se pasaba mejor por arriba, por un ventanuco, y que conducía a través de un corto meandro seco hasta un pequeño pozo equipado con una escalera formada a base de cadenas.
Proseguimos entre los caos de bloques y perdimos un buen tiempo buscando la continuación hacia la Sala del Murciélago, que resultó ser un laminador descendente que habíamos descartado en el vistazo incial por creer que se cegaría.
Descendiendo por el citado laminador alcanzamos un pequeño cauce de agua y en seguida la galería cobró grandes dimensiones, que aumentarían más aún más adelante.

El túnel se precipita al vacío, aumentando la sensación de enormidad, con grandes caídas de barro resbaladizo y rocas blandas. Observamos una bajada-tobogán por el centro, muy divertida si hubiera una piscina al final, pero pensamos que es mejor no arriesgarnos a partirnos los huesos, así que descendemos arrimados a la pared derecha, donde hay más afloraciones rocosas a las que agarrarse.
Tras otro subibaja por caos de bloques llegamos al final del sector de la inmensa galería, con una gran colada seca al frente y cristales de yeso a la izquierda. Tanteamos por lo alto sin hallar pasos, y descendiendo un pequeño resalte con una cinta anudada de ayuda, pero a continuación se abre un balcón con una gran caída sobre la zona siguiente, si había anclajes no los ví. Al lado una gatera descendente muy estrecha que descartamos.

Observando la topografía nos queda claro que hay que encontrar un paso bajo los caos de bloques, barajamos explorar algunos huecos, pero decidimos regresar pues Luis había decidio volver hacia la salida tras encabronarse con una estrechez y con su carburera que iluminaba menos que una luciérnaga fotofóbica, además que yo empecé a sentir malestar, quizá hubiera cogido frío.

El exterior nos recibió con el mismo frío, tanto que la boca de la sima parecía exalar vapores cálidos y termales. Pude observar divertido cómo Miguel salía envuelto en una nube de humo (vapor de agua) a causa del fuerte cambio térmico.

Quizá haya más adelante ocasión de volver a esta cavidad, y para esa ocasión ya sabremos lo que hay que hacer.

Bien, ya hemos localizado la entrada,
por cierto ¿hace algo de rasca, no?
¡Todos corriendo de nuevo al coche!


Ya estamos dentro, la temperatura del interior de la cueva nos reconforta y hace que nuestras orejillas coloradas vuelvan a su color normal.


Imagen para la historia. Luis ha declarado que abandonará el carburo y su "Dúo con bombillas" y se pasará tecnologías más actuales, como los LED. Los demás aplaudimos y secundamos la iniciativa.
Paso entre la primera y la segunda sala de la cueva.


 Esto es un anclaje, y lo demás son tonterías.


 Descendiendo ayudados por los cables de acero montados en la segunda sala de la cueva.


Saliendo de los meandros por la estrechez final hacia la escalera de cadenas.
¡Empuja, empuja! ¡Ya sale! Si es niño se llamará Miguel Ángel.


 Cristales de yeso al final de la Sala del Murciélago.


 Debo suponer que esto es el murciélago que da nombre a la Sala del Murciélago...


Remontando el tramo volado del pozo de salida.


La luz del exterior...


 Miguel echando humo en la subida.

martes, 2 de noviembre de 2010

Travesía Canal-Valle

Climatología: lluviosa
Fecha: 30 de Octubre de 2010
Participantes: Jose Manuel, Jose Luís, Miguel Ángel, David (Espéleo-romeros); y Pepe, Alicia, Azahara y Dani (Club Espeleológico Viana)

Curioseando por internet, Jose Manuel encontró otro grupo que tenía pensado hacer la travesía el mismo fin de semana que nosotros, por lo que se puso en contacto con ellos para plantear la posibilidad de realizarla juntos en dos grupos, unos haciendo la travesía y otros entrando por Valle en plan tranqui y haciendo fotos.

Finalmente entramos juntos pero todos por Canal.

Aparcamos los coches cerca de Canal, a unos 200 metros según el GPS tras seguir una pista con algún que otro socavón muy delicado para los bajos de los coches.
La entrada estaba cerca en línea recta pero hubimos de dar un gran rodeo por no aventurarnos a las bravas por la ladera boscosa, aunque posteriormente Jose Manuel descubriría que la línea recta era perfectamente viable.

Canal se abre en una dolina de pronunciada pendiente destrepable fácilmente. En el interior más pequeños destrepes hasta llegar a una sucesión de gateras, siendo la última la más estrecha. La gatera más estrecha, lo cual no quiere decir que aquella fuera la mayor estrechez de la cavidad, aún quedaban por delante unos sinuosos y ajustados meandros un tanto trabajosos, sobre todo al desconocer cuánto tiempo más duraría aquello.

Tras unas pocas vueltas nos encontramos con una cuerda para descender sin mucha dificultad, y más adelante otro resalte un tanto peliagudo, donde era fácil encajonarse.

Inmediatamente después llegaríamos a la sala del libro, donde la gente apunta los datos de su entrada. Pero el libro estaba completamente inservible, convertido en pasta húmeda a causa de la humedad, a pesar de estar protegido dentro de una funda colgante.
Hasta aquí la ruta se me había hecho corta, pero habían pasado ni más ni menos que ¡¡¡DOS HORAS!!!
y es que si bien el recorrido no era muy largo, las contínuas estrecheces suponían lentitud y tapones.

Desde la Sala del Libro -donde nos habíamos quedado- tomando hacia la derecha el túnel progresaba totalmente embarrado y muy resbaladizo hasta un laminador ahogado por el mismo reflujo del barrizal. No hubo que usar pala en aquella ocasión.

Llegamos a una sala con pequeñas pero bellas formaciones de textura de corteza de abedul, un pequeño respiro cómodo y amplio. Hacia la derecha abundan estas formaciones, pero nuestra ruta sigue por el ramal de la izquierda, y aquí empieza la jodienda, un laminador tras otro, generalmente con pedruscos en el suelo, cascarodillas. Los laminadores de la Gándara son de risa en comparación con estos.

Nuestras rodillas se regocijan al alcanzar la Sala de la Lluvia, amplia y con una ducha cayendo desde lo alto. Trepamos, destrepamos, volvemos a trepar, y tras abandonar esta sala, más laminadores, de nuevo a hincar rodillas y codos, o a andar como los gorilas en los tramos más agradecidos.

Cada vez abundan más las formaciones, una preciosa salita con un "arbolito" (estalagmita) en el centro y las paredes atiborradas de coladas y estalactitas, que supongo será La Capilla, y poco después un laminador de suelo cristalino, pulido, de gran belleza, también plagado de formaciones blancas.
Hasta ahora nos hemos topado con macarrones realmente largos, pero según vamos avanzando encontramos otros que superan a los anteriores.
Descendemos un resalte con cuerda, más formaciones, macarrones más largos aún, subimos, bajamos, giramos, trepamos, y alcanzamos una gran depresión con algunos tramos de ese barro resbaladizo que parece de una cochiquera, hasta alcanzar la Playa, el río.
Pepe, que va muerto de sed, avisa que nadie ensucie el agua antes de rellenar las botellas.
Junto al río realizamos la segunda y última pausa para tomar unos refrigerios, y nos disponemos a chapotear.

La corriente se divide y tomamos por la izquierda, pasando sobre islotes de cantos rodados, hasta llegar a un laminador donde toca mojarse. De frente otro laminador aún más estrecho por el que pasa el agua, giramos a la derecha esquivándolo, y proseguimos por cómodos túneles.

El paseo por el río es comodísimo, amplias galerías, poca profundidad, y coladas y formaciones sin cesar.
Sólo cuando alcancemos los caos de bloques, donde debemos abandonar el cauce la cosa se complica, sobre todo para buscar el camino correcto entre los derrubios.

En cierto tramo Pepe se encuentra bajo sus pies con una anguila nadando por las aguas, es curioso que se haya adentrado hasta estas profundidades.

El río, como digo es bastante cómodo, sólo en un tramo hay que mojarse por encima de la cintura.

En otro punto, tras trepar y destrepar esquivando un sifonamiento, nos encontramos una zona de gran profundidad, pero que puede vadearse avanzando pegado a la pared derecha.

En cierto momento aparecieron unas luces frente a nosotros ¿otro grupo de espéleo? que fueron seguidas de flashazos. ¡Nos estaban haciendo fotos!

Nos estaban esperando. Al principio pensé que se habían metido en la cueva, y es que era de noche, y hasta que no miré a lo alto y ví las sombras de los árboles recortándose con la negrura de un cielo estrellado no caí en que ya estábamos fuera.

Tardamos unas 8 horas y media en hacer la travesía.

Resúmen de la cavidad: Los primeros tramos son los más difíciles por las estrecheces; la parte media es una jodienda de arrastrarse por laminadores, por lo que las rodilleras son muy recomendables (y si no que se lo digan a quienes no las llevaban), el resto es muy cómodo con alguna complicación en los caos de bloques.
Toda la travesía está instalada, muchas de las cuerdas tienen roces, no muy graves, pero conviene tenerlo en cuenta. Abundantes formaciones en las zonas medias y finales.

Mencionar un paso por una cornisa alta barrosa muy arriesgado, en los tramos finales, donde hay que progresar reptando y clavando bien los codos a la vez que horadamos un raíl de agarre para no precipitarnos al vacío, pues la cornisa además de muy resbaladiza tiene una ligera inclinación hacia el pozo que rodea. Analizado a posteriori fue el paso más peligroso de la travesía, un pequeño fallo de adherencia y te vas...


El día anterior, visitando la entrada de
Valle, apareció una pintura rupestre

La boca de Canal

Pepe tragado por la gatera más estrecha de la travesía

Aquí está el auténtico paso más estrecho (que no es gatera)

La sala del libro, también conocida como sala de la pasta de papel mojado

La bota de Aladino

Laminadores pedregosos

Accediendo a la Sala de la Lluvia

Un caballito de mar (sí, hay que echarle mucha imaginación)

¿La Capilla?

Laminador de suelo pulido

Largos macarrones

Montañita

Macarrones más largos aún que los largos macarrones

Las anguilas también hacen espéleo

Aquí hay que bañarse... pero porque queremos eh

Con un río así da gusto pasear

tubérculos cavernícolas

Ojo, que hay una poza oculta en este paso.

Desde Canal hasta Valle vengo por toda la orilla...

domingo, 1 de agosto de 2010

Cueva de la Gándara

Participantes: Luís, Alfonso, Jose Manuel, Kike, Miguel y David
Día: 30 de Julio de 2010
Climatología: Soleado.

Mientras en la mayor parte de España las temperaturas estaban al rojo vivo, por el norte de Burgos a la tarde corría una rasca y unas brumas que te hacían pensar que habías cambiado de estación repentinamente.

Así nos amaneció en Ogarrio al día siguiente, entre nieblas que se fueron levantando con el sol hasta dar paso a un día soleado.
Tras una noche movidita en Casa Tomás debido a dos confusiones a altas horas de la noche con las habitaciones y el chalet que habíamos reservado, nos dirigimos con la furgo hacia La Gándara, remontando el valle del Asón. Debía de haberse organizado una marcha ciclista por parte de varios clubs locales, a juzgar por la de escaladores de dos ruedas que nos fuimos encontrando durante toda la subida.

Aparcamos y nos dirigimos durante una corta pero calurosa ascensión hasta la boca, un pequeño agujero del que salía una corriente de aire gélido que se notaba desde algunos metros antes de llegar a ver la entrada.

El agujero es una desobstrucción que conduce hacia una gran sala en rampa descendente que termina en un pozo, al fondo del cual dicen que se hallan los restos de un oso.


Bordeamos el pozo por el pasamanos montado y continuamos por la gran galería que continuaba al otro lado, un enorme meandro zigzageante con subibajas y zonas embarradas.
En pocos minutos alcanzamos una gran bifurcación y tiramos hacia la derecha, entre formaciones y manantiales.

Tanto Miguel como Jose Manuel y Kike ya habían estado en esta zona de La Gándara, de modo que el progreso era rápido y sin dudas.

Poco después llegaríamos al famoso laminador, unos 500 metros de galería en zigzag que salvo en escasos puntos, te obliga a andar a gatas, arrastrándote, o al modo de los gorilas, que sin duda es el método más rápido. Lo engorroso de esta zona es el peso de las sacas.

Tras el laminador, galerías de tamaño mediano y pequeño con abundantes formaciones blancas.

Más adelante llegaríamos a La Diaclasa vertical. Según los que ya la conocían, había sido desobstruída recientemente, eliminando la dificultad del estrecho paso que antes tenía.
Por lo tanto la bajada fue fácil. Abajo nos arrastramos por una gatera que realiza un recorrido en U y nos deja unos metros más abajo del pozo que se abría junto a La Diaclasa.
En ese punto la mayor parte del grupo se despide, y proseguimos Miguel y yo (David) solos, descendiendo un pozo dividido en dos tramos, cada uno de ellos con un desviador, y montado con dos cuerdas independientes.

Abajo continuamos, descendiendo de vez en cuando pequeños tramos de cuerda, hasta alcanzar la gran sala de la cascada, las tinieblas. El aire está cargado de partículas y la visibilidad a larga distancia se reduce drásticamente, es como una niebla dentro de la cueva.
Descendemos una gran rampa húmeda ayudados en la parte media por una cuerda de seguridad montada.
La cascada resuena constantemente, pero sólo es visible al acercarnos, o poniendo los frontales a máxima potencia.
Miguel enciende toda la verbena de linternas que lleva incrustadas en el casco y podemos contemplar la inmensidad del paredón sobre el que vierte la cascada.
Rodeamos la zona aproximándonos al costado izquierdo de la base de la cascada, chorrea agua por todas partes. Un poco más arriba existe un pequeño balcón donde crecen formaciones excéntricas muy finas. Como hilillos, extendiéndose como raíces peinadas por el viento.



Al lado mismo del balcón se abre una agujero que desciende por una resbaladiza rampa hasta una gran galería. Esta galería era un caos de bloques polvorientos, las menos de las veces cómoda por lechos arenosos, y las otras intrincada entre bloques y lajas. En cierto tramo una lámina desprendida había quedado apoyada entre un bloque y una cornisa de la pared, formando un curioso portal.

Más adelante la galería se abre hacia la izquierda: un balcón que vierte a un abismo cuyo fondo apenas pudimos distinguir, y es que la aproximación al borde tampoco era muy segura. Había colocados un par de spits y una placa, aunque la roca sobre la que estaban no parecía muy fiable. Veníamos preparados para la posibilidad de descender, pero al final la descartamos.
Más adelante por la galería se abría otro balcón, ésta vez a mano derecha, con una instalación de spits vieja. Era la misma galería inferior de antes, ahora más visible su fondo, por el que discurría una corriente de agua.

Pasamos de largo hasta llegar al final de la gran galería que estábamos siguiendo, hasta que llegó a obstruirse. Inspeccionamos la zona trepando por los vericuetos de los bloques localizando dos posibles continuaciones desde las que venía algo de fresquillo: una estrecha gatera de boca en forma de gajo vertical que descartamos, y un laminador descendente por el que intenté bajar por empotramiento, pero aborté a la mitad al ver que las paredes se ensanchaban demasiado y que me había ido a lo bruto hacia la zona mala, quedándome apoyado peligrosamente con un pie en una laja con pinta de desprenderse en cualquier momento.
Acabé agotado tratando de recular hacia arriba, y Miguel me ayudó izándome del brazo en el último tramo.
Se me quitaron las ganas de volver a probar por la zona mejor que había visto desde abajo, y Miguel tampoco se animó, así que dedicimos darnos la vuelta.
Había más agujeros con posibilidades, y la continuación estaría por alguno de ellos.

Regresamos a piñón fijo, tardando dos horas en salir al exterior. Dentro de la cueva habíamos estado 5 horas y media.
Al salir llamamos a los demás para que volvieran a recogernos, dando por hecho que ya se estarían duchando, pero ninguno respondía al movil.
Bajamos al aparcamiento y nos encontramos allí a Jose Manuel y la furgoneta que no se había movido del sitio. Resulta que los demás habían salido una hora antes pero se habían entretenido yendo a visitar la Cueva de los Santos, que quedaba allí cerca, y donde esperaban encontrar unas pinturas primitivas.



Fotos de David y Luís

lunes, 28 de junio de 2010

Perilde

Fecha: 25 de Junio de 2010
Climatología: Soleado y caluroso con tiempo cambiante a tormentoso.
Participantes: Jose Luis, Jose Manuel, Miguel y David.

La boca de Perilde se encuentra en medio de unos prados cercados multipropiedad de los ganaderos de la zona.
Existen varias otras cuevas cercanas, como la cueva Albia y otra cuyo acceso actualmente ha sido cerrado por la losa de cimentación de una caseta de bombeo de agua para abastecer al pueblo de Mijala.

Dejamos el coche en una cuneta de la carretera y pasamos a los prados. Aproximadamente a un kilómetro se encuentra la entrada, en una afloración rocosa que cierra el curso de una depresión arbolada. Lo que fue un cauce de agua está prácticamente seco, con algunas surgencias acuosas formando charcos, y sólo al penetrar en la cueva el agua empieza a correr. No sin antes descender un par de resaltes, aterrizando en la primera laguna con una bella colada blanca.

Los meandros son amplios y cómodos en los primeros tramos, con algunos estrechamientos en forma de ventanucos o curiosas represas en forma de medio cáliz.

En cierto punto en río se despeña hacia la derecha, y nos introducimos por un boquete a la izquierda, accediendo a unas pequeñas cámaras que desembocan en otra sala de gran tamaño. Descendemos hasta el fondo de un curso seco, pasamos un pasamanos de seguridad por encima del río, y descendemos de nuevo para retomarlo.

Más adelante los meandros comienzan es estrecharse, y varias flechas pintadas en negro señalan vías aéreas para sortear esta zona por lo alto. Aunque tal como estaba el nivel del agua bien se podía pasar también por las estrecheces de abajo, llevando neopreno naturalmente.

La cosa se pone cada vez más estrecha, hasta tal punto que Jose Manuel se queda atrás por las dificultades para pasar. Continuamos los otros tres.
Aparece un pasamanos para esquivar un resalte gatera que luego desciende por una cuerda. Dos pasan por ahí y otro por el resalte.
Más adelante una cuerda corta terminada en dos estribos para sortear otro resalte enganchando los piés.
El meandro contínua con estrecheces, y no tenemos idea de lo que nos falta para llegar al lago verde, pero en cierto punto decidimos darnos media vuelta previendo el tiempo que nos va a llevar salir todos.

Salí el primero y una ráfaga de aire caliente y soleado me recibió. Detrás llegó Miguel y el aire se estaba enfriando. Cuando salieron los Joses se estaba nublando, y al poco empezó a llover.

Estuvimos dentro unas 8 horas.

Por la noche nos cenamos unos estupendos asados de cordero y cochinillo en el bar Moreno de Quincoces de Yuso, y luego nos tomanos unas copillas en otro bar donde una cuadrilla organizaba un bingo.

El trayecto estaba perfectamente montado, luego sobraron nuestras cuerdas. La mayor parte de los montajes tenían roces difícilmente evitables, pero las cuerdas estaban en muy buen estado, quizá porque los roces se producían sobre roca pulida. Algunos pasamanos eran prescindibles, aunque supongo que están para esquivar pozas profundas y poder hacer la travesía sin neopreno completo; los restantes básicamente quitamiedos, para salvar grandes caídas sin que te tiemblen las piernas.
En cualquier caso, hasta donde llegamos el recorrido era mucho más fácil y seguro que los meandros de Mataasnos.

En la boca de Perilde. ¡A enfundarse los neoprenos!

La colada blanca tras los primeros resaltes.

Aquí Jose Manuel decidió que "¡No cabo, mi quepo!"

Tomando unos refrigerios al regreso, en una playita, antes
de estrangularnos los brazos ascendiendo con los neoprenos.

Fotografías de Jose Manuel.

martes, 27 de abril de 2010

La cueva del vecino

Participantes: Enrique, Kike, Jose Luis, Jose Manuel, Miguel, Sarah, Alfonso y Luís.

Una mañana de Abril, cuando los cerdos revoloteaban de flor en flor y las mariposas comían apaciblemente sus bellotas, el grupo de espéleo A.D.E.R., tras largos años para poder explorar la cueva del vecino, por fin tuvo el momento.
Eran las 10h de la mañana después de haber desayunado suave en la casa rural donde estábamos alojados, ya en la puerta de la cueva que el vecino había tapiado con cemento y rasillones, debido a los problemas que le daba la humedad que salía de allí.

Sin más dilación, con cincel y maza en mano, Jose Luís, bastante motivado, empezó a hacer hueco. No costó mucho ya que era una pared de rasillón revocada con cemento que se rompía fácilmente.

Terminado el boquete y estando con el mono preparado me dispongo para hacer los honores y entrar para desvelar sus secretos.

Después de pasar el hueco de entrada, una pequeña estancia en la que se encuentran restos de maderas podridas, algún bote de plástic,o una rueda de coche, etc. En el lado frente izquierdo una gatera descendente bastante estrecha me hace que mire otras posibilidades, y desciendo entre unos bloques por la derecha hasta una gatera que da a un paso casi vertical y algo estrecho en el que decido poner una cuerda anclada a un bloque, pensando en facilitar posteriormente la subida.

Después de descender este paso, de unos 3 a 4 metros de profundidad, sin mayor problema, una gatera horizontal da paso a la galería principal, aunque no tiene altura y tienes que ir reptando. Ésta comunica con la otra gatera descendente que no bajé por ser bastante estrecha.

Iba seguido de Jose Luís y dando información de que bajaran algo de material, aparte de la maza y el cincel, ya que por las dimensiones estrechas que iba viendo parecía que se podía cerrar la galería en cualquier momento.

Continúo agachado y voy descubriendo en esta galería muchas formaciones de estalactitas y estalagmitas además de blancos macarrones que despiertan esperanzas de ser una buena cueva. También encuentro algunas huellas de alguien que ha estado antes por aquí y fue haciendo camino por algunos sitios. Aunque en general estaba muy poco pisada, y se notaba que hacía mucho tiempo que no había entrado nadie. Se podría decir que era una cueva prácticamente virgen.

Llamo a Jose Luís para informar de lo que voy viendo e invite a los demás a que vean la cantidad de formaciones que hay en la galería. Seguimos los dos hacia adentro y pasamos por otra gatera entre cuyas formaciones, que como he dicho anteriormente, alguien con cuidado había abierto paso.
Y llegamos a una pequeña sala donde a mano izquierda a ras de suelo había una gatera que comunicaba con el mismo sitio de donde veníamos. Pero además, pude ver algo en el suelo ciertamente curioso, que no supimos que podría ser, era como una cola de pelillos que salían del suelo, de unos 15cm. de largos aproximadamente, que estaban como electrizados. Alguno comentó que podría ser algún tipo de hongo.
Continuamos por la galería y seguimos viendo bonitas formaciones de estalactitas, estalagmitas y macarrones muy blancos donde destacaba uno de 1,20m de largo.

Atravesamos entre las formaciones con sumo cuidado para no romperlas y terminamos unos 20m más allá en otra pequeña sala en la que comprobamos por todos los sitios posibles que no había continuación alguna. Otra gatera que también había sido forzada entre formaciones que daba paso a 2 pequeñas salitas también con bonitas concreciones, en las que no encontramos continuación posible.

Decidimos esperar en la sala anterior de las gateras a los demás y compartir lo que habíamos visto. Aprovechando las formaciones de la cueva Luís estuvo como de costumbre documentando con fotos lo más representativo de estas galerias. Decidimos volver a comprobar la parte final de la galería principal por si encontrásemos algún sitio por donde seguir, pero después de intentar desobstruir una gatera al final de la galería, y viendo la dificultad que tenía y las pocas posibilidades del otro lado, después de haber tirado alguna foto metiendo el brazo en la mínima gatera y comprobar que no parecía haber una buena sala o galería, decidimos volver hacia la salida muy a pesar nuestro y dando por finalizada la exploración de esta bonita y pequeña cavidad, en la que seguramente todos teníamos la ilusión de que nos hubiera ofrecido algo más.

(por Miguel)

Por poco no les pillamos con las manos en la maza...







(fotos por Luis)